Azul profundo

Loretta admiraba el azul profundo del mar y escuchaba las olas romper contra las rocas. Sabía lo afortunada que era de contar con oportunidades como esta, pero algo faltaba en su vida y ella sabía perfectamente qué era.

Mientras escuchaba el sonido de las olas reventar contra las rocas, Loretta solo pudo pensar en una cosa…¿Qué pasaría si la cuerda que ataba al cuerpo de su esposo al ancla de su yate, se desatara? 

Estaba segura que había hecho un nudo firme, una de las habilidades aprendidas en los campamentos de verano a los que su madrastra la obligaba a ir para deshacerse de ella. Se miró en el espejo y soltó un par de lágrimas. Las clases de actuación a las que su madrastra la obligaba a ir tres veces por semana, estaban redituando. Lanzó la fotografía de su boda con Dominic Bernard, al lado de su sillón. Estaba lista para recibir a la policía. No tardarían en llegar.

El mayordomo tocó la puerta antes de hacer entrar a un par de policías. De inmediato supo quién estaba al mando. El detective Gerard trataba de verse profesional, pero Loretta podía ver en su rostro lo impresionado que estaba por la opulencia del salón y por su belleza. 

La entrevista fue breve. El detective informó a Loretta que habían encontrado el yate de Dominic encallado en altamar. En su interior, estaba el cuerpo de una mujer desconocida y restos de sangre, del exitoso empresario. Loretta le mostró la carta que su mayordomo había encontrado en el escritorio de Dominic dos días antes; en la que le pedía perdón y mencionaba se iría a vivir con Irina. Al leerla, el detective entendió el por qué de la fotografía con el vidrio roto en el suelo. 

Las investigaciones concluyeron 48 horas después. La policía afirmó que Irina Donelli, mesera de profesión, había asesinado a Dominic Bernard antes de suicidarse. Crimen pasional en altamar, lo habían llamado los diarios. El cuerpo de Dominic estaba desaparecido. La policía tenía la certeza que la ambiciosa joven lo había lanzado al mar, lo que hacía imposible encontrarlo.

Diez días después, Loretta sonreía como no lo había hecho en los 15 años que su matrimonio había durado. Sentada en la terraza de su mansión, admiraba el azul profundo del mar con un martini en la mano. Los abogados acababan de irse. Ella era ahora ama y señora del imperio Bernard. Miró una fotografía de Dominic y suspiró. Lo había amado de verdad. En él había creído encontrar el hogar que nunca había tenido, uno destrozado por la muerte de su madre y el abandono de su padre. Dominic había sido maravilloso con ella y le había prometido un cuento de hadas. 

Uno que muy pronto se transformó en película de terror. Dominic era un hombre controlador y que frecuentemente sufría de ataques de ira que llevaban a Loretta al hospital. Así había perdido ella el único hijo que había podido engendrar y que Dominic reclamaba. Aquella golpiza, le había quitado además, la posibilidad de ser madre.

Dominic, cegado por el dolor y presa de un gran remordimiento nunca más tocó a Loretta. Durante siete años fueron extraños compartiendo una gran mansión y la pareja perfecta cuando se mostraban fuera de ella. Ese había sido el tiempo que le había tomado a Loretta planear el crimen perfecto. Lo fácil había sido encontrar a la mujer que cargaría con la culpa; podía haber sido cualquiera pues eran todas iguales, jóvenes, bellas, provenientes de hogares deshechos…como ella. Sabía que su marido solía llevarlas al yate. Loretta solo había tenido que esconderse en un camarote antes de que los amantes zarparan y esperar al anochecer.

Dos balas habían sido suficientes. Una para Irinia, justo en la sien, mientras dormía. La segunda justo entre las piernas de Dominic. Aún con vida, uno a uno, le había cortado los dedos con su cortador de puros. Los había picado en frente de él antes de lanzarlos al mar, «comida de peces», se había dicho sonriendo. Le había clavado un cuchillo en el pecho, justo en el corazón y lo había mirado a los ojos antes de que expirara. Lo demás había sido fácil, envolvió el cuerpo de Dominic en lonas, lo ató perfectamente bien al ancla y lo soltó a la profundidad del mar. Llevó aquella escena del crimen flotante a un punto muy distante de donde había dejado el cuerpo y nadó al sitio donde un par de días antes había anclado su velero. 

Al regresar a casa, había colocado la carta de Dominic (otra habilidad aprendida en los campamentos de verano) y se había ido a dormir. Su mayordomo la había hallado al día siguiente y su actuación había comenzado. Loretta solamente había cometido un error. Había extraviado su anillo de bodas y tenía la seguridad de que estaría en el corazón de Dominic. Contaba con que el nudo resistiera y que el cuerpo nunca saliera a flote. Aunque si lo hiciera, nadie daría con su identidad.Una vez más escuchó las olas que se rompían contra las rocas y admiró el azul profundo del mar. Finalmente había encontrado eso que le faltaba… la emoción de estar viva y su libertad.

#MismoInicioDiferenteFinal

Ejercicio de escritura creativa desarrollado por @MaruBV13 y @AliciaAdam16.

Observaciones: 

  • Intro en cursiva propuesta por @MaruBV13
  • Título del texto: Azul profundo.
  • Comenzamos con el mismo inicio y cada autor o autora le da un final distinto.

Un comentario sobre “Azul profundo

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