(Ángeles Mastretta y Catalina Aguilar Mastretta)
Ella quiere la dicha, que es más difícil y más breve, pero mejor.»
La semana pasada se estrenaron, en Netflix, los siete episodios que componen la serie “Mal de amores”, inspirada en el maravilloso libro de la autora mexicana Ángeles Mastretta, una de las mejores escritoras que México ha dado y que ha puesto en alto el nombre de nuestro país a través de sus historias. Cada una de las obras de la escritora poblana presenta mujeres fuertes y valerosas, en composiciones dignas de un bolero por la cadencia de sus letras.
Siendo “Mal de amores” una de mis novelas favoritas, el anuncio de su llegada a las pantallas me llevó por diferentes etapas, primero, sentí una gran emoción pensando en que finalmente podría ver la historia que me enamoró en 1996. Después, tuve mis recelos porque, como todos sabemos, la película o serie nunca iguala al libro, y ya hablaré sobre eso. Y conforme veía espectaculares y anuncios por toda la ciudad, sentí un orgullo indescriptible: por fin las plataformas hacen justicia a las letras de grandes escritoras. Finalmente, tuve un poco de temor ante el resultado, por lo que obsesiva, como soy, el sábado leí nuevamente la novela (por enésima vez) y me volví a enamorar de cada uno de los personajes y de las historias que la maestra Mastretta nos obsequió. Sentí el viento de los volcanes colándose por las calles de Puebla y las alegrías y tristezas que embargaban a las mujeres del linaje Veytia.
El domingo, animada por las entrevistas que leí y vi durante la semana, comencé a ver la serie y tengo que decir que el resultado es extraordinario. La visión de Catalina Aguilar Mastretta sobre la obra es realmente fiel a lo que el libro nos hizo sentir. Cada uno de los diálogos tiene el sabor de la pluma de Ángeles Mastretta y los escenarios representan cada una de las escenas que integran el libro.
El soundtrack de la serie nos traslada, de inmediato, a la época y nos obsequia alegrías, emoción y añoranza. Incluir a Lila Downs y Vivir Quintana en una tertulia de domingo en casa del Dr. Cuenca se sintió tan natural como si fuera parte de la historia original.
Por supuesto, los puristas diríamos que la serie no sigue el orden de la novela, pero créanme, lo importante está ahí y un par de escenas ausentes se perdonan gracias a las nuevas que nos regala. Catalina se da la libertad de ampliar las historias de algunos personajes como Sol y Salvador (¡me encantó!) y de crear otras nuevas líneas dramáticas para hacernos sentir la esperanza, alegría y tristezas de la época.
Las actuaciones son fantásticas. Cada uno de los personajes refleja las letras de la obra original y sí, confieso que me emocionaba al verlos aparecer. La fotografía y el sonido son espléndidos, cosa que el espectador aplaude y agradece. Y si bien ya aparecieron los críticos a revisarle hasta las costuras de los interiores, para mí, como lectora, esta adaptación se lleva las palmas.
De todos los riesgos que he corrido por usted, el único que no hubiera corrido nunca es el de no haberlos corrido.”
